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Crítica de "A vida luminosa" (2025), de João Rosas

hace 18 horas
2 min de lectura

Por azares del destino, como muchas veces en mi vida cinéfila, llegué a esta cinta por mera casualidad. No recuerdo si fue por un nuevo título en la vasta biblioteca de Voyeurs de Pasaje 18 o si vi algún still en Twitter. En fin, acá un texto sobre A vida luminosa, de João Rosas, una película portuguesa simple, pero profunda, que cae perfecta para esos días de calor e incertidumbre amorosa.


A vida luminosa 2025
"A vida luminosa" (2025). Fuente: El antepenúltimo mohicano

No es una novedad que haya películas en las que el protagonista le busca el sentido a su vida. Más aún, adolescentes o jóvenes en una adultez temprana que deambulan en fiestas o por las calles de su distrito. A vida luminosa es eso: el retrato de un joven portugués en sus 20 años que deambula por Lisboa buscando qué hacer con su vida luego de que su exnovia lo abandonara hace un año. No tiene un empleo notable de oficina, sino pequeños cachuelos, como contar bicicletas en la calle o repartir volantes. Es bajista en una banda en la que toca más por compromiso que por motivación artística alguna, pero siempre que alguien le dice que haga algo con su tiempo, él menciona que se está enfocando en la música. Sale con alguna chica luego de una fiesta, pero, al momento de la acción, desiste. Nada lo motiva a este joven muchacho porque sigue esperando a la mujer que alguna vez amó (hasta le sigue escribiendo).


Así, mediante diversas situaciones en las que se adentra al mundo adulto o a una rutina más seria, va creciendo: consigue un mejor trabajo y se muda a un cuarto propio. En ese viaje es que ve a una mujer parecida a la que amaba. ¿Debe vivir esperando o simplemente dar el siguiente paso? Para el director no hay una respuesta clara, no por flojera o falta de creatividad, sino porque la vida son cosas pasando en la vida del protagonista. No tiene la estructura de pasar por puntos narrativos notorios o de no retorno, sino de evocar un sentimiento de búsqueda constante.


Rohmeriana por donde se la vea, con interacciones que parecen danzas ensayadas en las que cada uno da un paso o hace un movimiento claro y preciso. Los espacios, aunque cotidianos, también albergan mucho espíritu de los personajes: una biblioteca, un café, la cinemateca o un bar. A vida luminosa, entonces, se trata de la vida siendo la vida en unos días de su protagonista, pero también en la contradicción que podemos ser sobre lo que tanto anhelamos. Como entusiasta del cine y de la vida, hay que aprovechar estos años que nunca volverán.



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