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Crítica de “Crime 101 (Caminos del crimen)” (2026)

Bart Layton, cineasta británico y director de American Animals (2018), ha estrenado su nueva película a nivel mundial: Crime 101 (2026). Protagonizada por Chris Hemsworth y acompañada por un reparto coral con pesos pesados de Hollywood, Layton adapta la novela policial escrita por Don Winslow del mismo nombre, convertida en una especie de versión moderna de Heat (1995), de Michael Mann.


Crime 101
"Crime 101" Fuente: The New Yorker

Crime 101 (2026) sigue a un abanico de personajes muy diversos que, conforme avanza la cinta, cruzan sus caminos en más de una ocasión. Por un lado está Mike (Chris Hemsworth), un experto ladrón de joyas meticuloso que realiza atracos sin ejercer violencia. Por otro, el detective Lubesnick (Mark Ruffalo), un agente del orden cuya carrera no atraviesa su mejor momento, pero que será el encargado de atrapar a Mike valiéndose de su inteligencia. Finalmente, seguimos a Sharon (Halle Berry), una vendedora de seguros para adinerados cuya mala racha la lleva a aliarse con Mike para cometer un atraco contra un magnate de dudosa reputación. El elenco es completado por Barry Keoghan y Nick Nolte que fungen como antagonistas.


Layton nos traslada a un Los Ángeles modernizado, atravesado por desigualdades socioeconómicas que encapsulan a varios de los personajes que vamos conociendo. No es casual que, a lo largo de la cinta, el dinero que podría obtenerse de los robos sea tan ansiado. Esa suma permitiría a más de uno salir de deudas o ajustar cuentas personales. No se trata únicamente de cometer un atraco, sea a pequeña o gran escala, sino de una lucha íntima. Mike y Sharon no roban por una búsqueda banal de poder, sino por la necesidad de recuperar aquello por lo que han trabajado durante toda su vida, aun a costa de exponer su integridad física o moral. Más que una película de balazos, joyas y dinero volando por las calles, es un relato sobre personajes que buscan recuperar lo que sienten que les fue arrebatado.


Se reconoce el mérito de ir más allá de lo fácil —la acumulación de secuencias de adrenalina—, pero la ausencia de estas termina afectando el resultado. En un policial que se adentra tanto en la ciudad como en la complejidad de sus personajes, no verlos enfrentarse en una persecución o en un intercambio armado resulta insatisfactorio. Aunque hay un acercamiento evidente a Heat (1995), replicando algunos planos y cierta atmósfera contenida, falta ese impulso hacia la acción que el propio referente supo equilibrar con precisión. La película apuesta por la contención, pero esa decisión la deja en deuda con las expectativas del género.


Se aplaude la intención de Layton de entregar un policial que profundice en sus personajes y que incorpore un trasfondo social claro. Sin embargo, la falta de acción —elemento distintivo del género— le impide alcanzar la contundencia que se espera.



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