Crítica de “Exterminio: La evolución” (2025): crecer en el fin del mundo
- Mariano Viza T.

- 4 jul 2025
- 4 Min. de lectura
Vuelve la franquicia de 28 days later con el estreno de Exterminio: La evolución (28 years later), bajo la dirección de Danny Boyle, quien también estuvo a cargo de la primera entrega. ¿Se trata de otra película genérica de zombis o de una secuela innecesaria hecha con el pretexto de generar dinero? No. Más bien, se trata de una de las mejores películas estrenadas en esta primera mitad del año.
Escribe Mariano Viza T.

En una era en la que el cine de superhéroes está de capa caída, las grandes productoras han optado por exprimir sus franquicias mediante secuelas, spin-offs o remakes muchas veces innecesarios. En ese contexto, otros géneros que parecían olvidados —o que habían migrado a la televisión— encuentran una oportunidad para regresar, aunque sea momentáneamente. Casi nunca falta, al menos una vez al año, una película sobre un desastre natural o de acción pura y dura. Pero, ¿cuándo fue la última vez que se estrenó una película de zombis que realmente generara conversación?
En televisión, la temática se mantuvo viva gracias a The Walking Dead, mientras que en el cine Zombieland aportó su cuota de entretenimiento. Hace unos años, Estación Zombie: Tren a Busan fue bien recibida por la crítica y el público. Sin embargo, el subgénero ha estado ausente de manera constante en la cartelera, relegado a producciones independientes o al formato televisivo. Tal vez esta pausa le haya dado espacio a Exterminio: La evolución (28 years later) para posicionarse con fuerza, porque más allá de la sangre que salpica por todos lados y de las escenas de acción, Danny Boyle entrega una historia sobre las masculinidades, las decisiones y el ciclo mismo de la vida.
La película parte de una premisa simple: han pasado 28 años desde que el virus de la ira se escapó de un laboratorio en Inglaterra. Un padre y su hijo, miembros de una pequeña comunidad en una isla remota, se adentran en un mundo ahora desconocido por el abandono del tiempo y descubren secretos, maravillas y horrores del exterior. En este mundo donde la ley y el orden colapsaron hace décadas, los grupos humanos se comportan de manera distinta. Todo atisbo de civilización tal como la conocemos ha desaparecido. Lo que queda son comunidades campesinas dedicadas a una vida austera, donde los recursos son limitados y las figuras más valoradas son los cazadores o defensores del pueblo.
Spike, un niño de 12 años, deja su comunidad entre aplausos. Pero cuando se cierran las puertas detrás de él, lo envuelve el silencio absoluto: ahora debe demostrar que ha pasado a ser un hombre. Todo este proceso está impulsado por su padre, Jaime, quien encarna la imagen idealizada del macho fuerte: un hombre que lidera el hogar con una esposa enferma, que cría a su hijo a su imagen y semejanza, y que no duda en eliminar a los zombis que se crucen en su camino.
Sin embargo, esa figura del padre respetado se quiebra cuando Spike descubre que le es infiel a su madre. Esta contradicción se convierte en el motor del viaje del protagonista: ya no se trata solo de sobrevivir, sino de construirse una identidad, de intentar sanar a su madre y de demostrar que, pese a su edad, está listo para ser un adulto.
Algo que se comentaba mucho incluso antes del estreno era la decisión poco convencional de filmar la película con iPhones. Personalmente, no estoy seguro de si se trata de un intento por replicar lo hecho en 28 Days Later, que fue rodada en MiniDV en lugar de digital o celuloide, pero creo que funciona de manera acertada. Obviamente, no se utilizan estos dispositivos como lo haría una persona común y corriente: se les incorporan distintos accesorios e instrumentos para lograr un look cinematográfico, y junto al montaje se consigue una sensación de un mundo completamente distorsionado.
Boyle, junto a Anthony Dod Mantle —director de fotografía de la cinta—, apuesta por planos no convencionales y una puesta en escena que favorece la experimentación: encuadres aberrantes, cortes frenéticos y una edición que refuerza el carácter violento del mundo representado, como en las secuencias donde los infectados son bañados por una intensa luz roja. Las decisiones estéticas —tanto en el movimiento de cámara como en el uso de la luz— refuerzan esa percepción de que todo lo que conocíamos ha sido devastado reforzando incluso la violencia como una flecha impactando en un cráneo.
Habiendo visto esta película, me pregunté: ¿en el fin del mundo, el concepto de hombría —o, para ser más neutral, el de adultez— cambia? ¿Es justificable que, según el contexto, ciertos valores o paradigmas se transformen hasta el punto en que todo parezca estar permitido? ¿Y es acaso el fin del mundo el escenario ideal para ser una persona firme en sus principios?
Danny Boyle y el guionista Alex Garland abordan estos temas desde la mirada de Spike, pero también desde el entorno que lo rodea. La película sugiere que las labores más importantes son las de cocinero, granjero o herrero, pero el rol más prestigioso es el de cazador. Alcanzar esa posición equivale a haber cruzado el umbral de la niñez hacia la adultez. Se nos muestra un pueblo que ve en un niño de doce años un modelo a seguir. En este contexto, Exterminio: La evolución ((28 years later), más que una película sobre el apocalipsis, es un coming-of-age.
Así como se cuestiona la masculinidad de Spike y su tránsito hacia la adultez, también se explora el ciclo de la vida a partir de la muerte de su madre. ¿Qué tan infravalorada se vuelve la muerte en el fin del mundo? ¿Cuánta importancia ha perdido esa etapa final cuando, si no logras escapar de criaturas sin raciocinio, puedes morir de la forma más violenta posible? ¿Sigue teniendo la muerte el mismo valor en un contexto donde vivir parece más una maldición que una bendición? Estas preguntas se encarnan en la figura del doctor Kelson, quien no ve la muerte como algo malo o triste, sino como una parte inevitable del ciclo humano, que debe ser aceptada, como ocurre con el fallecimiento de Isla.
Boyle nos entrega entonces una película de zombis que, aunque impacta por su caracterización y sus violentas muertes, resulta aún más interesante por la manera en que aborda la adultez y el ciclo de la vida en un mundo postapocalíptico. Sobre el final, pues es la cosa más bizarra que he visto últimamente.
Espero haber dicho algo (mínimamente) importante.




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