Crítica de Los Domingos (2025), de Alauda Ruíz de Azúa
- Mariano Viza T.

- 26 feb
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Nominada a 13 premios Goya en la edición número 40, a realizarse el próximo 28 de febrero, Los Domingos (2025), de Alauda Ruíz de Azúa, aborda la difícil decisión de una familia de aceptar que la hija mayor ha decidido entregar su vida a Dios, cuestionando así qué entendemos por conservadurismo y libertad.
Escribe Mariano Viza T.

En Los Domingos (2025) el plano final lo dice todo. Hay alegría y resignación. Alegría por ver que tu hija sabe qué le dará felicidad (si así se le puede decir). Resignación porque acepta que la ha perdido para siempre (aun cuando digan que no). La dualidad de conocer el mundo contrasta con el encierro que conlleva “entregarse” a la espiritualidad. Más allá del tema de la fe ciega, es notable cómo algo tan simple, para algunos, puede llevar a que una familia rompa su vínculo.
A lo largo de la cinta, el uso de planos y espacios —como la casa o el convento— da a entender que lo que vemos es una cárcel. Por un lado, la casa mantiene a la hija controlada por el propio espacio; por otro, el convento se presenta constantemente con barrotes, como si estuviera encerrada.
La película también pone en duda qué considera uno como conservadurismo: la posición de la tía, que impulsa a su hija a tener novio, conocer el mundo, embriagarse quizá o vivir experiencias de adolescente, o la posición de las monjas, que consiste en entregarse completamente a Dios jurando votos de castidad, entre otros. ¿Qué es lo conservador y qué es lo disruptivo? Incluso llega a decir que ellas, las monjas, le lavan el cerebro, pero ¿quién quiere hacerlo verdaderamente?
Lo de Patricia López Arnaiz es notable. Da una interpretación desgarradora: alguien que poco a poco se va rompiendo conforme la decisión de su sobrina se hace más firme. Lo de Blanca Soroa también; no es que sea histriónica ni tenga momentos desgarradores. Son sus silencios y sus miradas los que hacen vivo este tormento que atraviesa desde el espacio familiar hasta el amical. Miguel Garcés también destaca como un padre que roza lo explosivo e intenta, valga la redundancia, no explotar. No es que sea alguien malo, sino que todo se le sale de control en su mundo tan ordenado y perfecto.
Los Domingos es una película que destaca por sus interpretaciones y por un guion que no busca señalar quién es malo, sino mostrar lo diferentes que pueden ser las posiciones de sus personajes. A su manera podría decirse que cuestiona a quienes dan su vida a la religión, pero no se queda ahí, sino que incluye en ese cuestionamiento a quienes tienen esa posición contraria frente a lo espiritual. Depende de cada uno saber quién tenía la razón.




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