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Crítica de “Superman” (2025): más hombre que súper

Nuevamente, el héroe más conocido de la historia: Superman, llega a la pantalla grande, y esta vez de la mano de James Gunn para empezar un nuevo universo DC. 


Superman (2025)
"Superman" (2025). Fuente: IMDB

Superman es uno de los personajes con mayor relevancia en la cultura popular. Desde sus apariciones en los cómics y su paso por la pantalla chica con los seriales, dio luego el salto a la pantalla grande de la mano de Richard Donner y la interpretación del fallecido Christopher Reeve, quien es considerado, hasta la fecha, el mejor Superman de todos los tiempos. No solo fue un personaje popular que uno lograba identificar por su emblema y los colores azul, rojo y amarillo, sino que fue considerado un ícono norteamericano (propiamente de los Estados Unidos). Sin embargo, pareciera que, a nivel mundial, su presencia fue desapareciendo poco a poco. No por nada, sus mayores éxitos fueron en series televisivas y no en la pantalla grande, como sucedió entre los 70 y 80. Por lo mismo, Superman Returns (2006) de Bryan Singer, interpretado por Brandon Routh, no fue solo un fracaso, sino que fue opacado por otros héroes mucho más populares como Spider-Man (2002-2007) y las películas dirigidas por Sam Raimi, X-Men (haciendo énfasis en el Wolverine de Hugh Jackman), y, por último, la trilogía de El caballero de la noche (2005-2012) por Christopher Nolan.


Es recién en 2013 que se apuesta nuevamente por el héroe de capa roja y su retorno a la pantalla grande, para que, de paso, pelee frente a frente contra el inminente crecimiento del universo Marvel. Para su mala suerte, ni la crítica ni los espectadores casuales le dieron el apoyo necesario a Man of Steel (2013), de Zack Snyder, ni al Superman de Henry Cavill. Mucho menos con su secuela Batman v Superman: Dawn of Justice (2016), o la reunión de todo el grupo en Justice League (2017), y luego con el popular Snyder Cut. Tal pareciera que era un universo condenado al fracaso, porque los derivados que vinieron luego de Man of Steel no solo fueron un fracaso en la crítica, sino también en la taquilla mundial, lo que llevó a que se cancelaran los distintos proyectos que se anunciaron, y al universo entero. Es de la mano de James Gunn —responsable de la trilogía de Guardians of the Galaxy (2014-2023) de Marvel— que se dio inicio a un nuevo universo. Aunque para algunos fue una noticia positiva, para los fanáticos empedernidos y absolutistas de Zack Snyder era motivo para romper sus teclados en Twitter y Facebook.


Pero, aun con todo lo que sucedió, Superman (2025) llegó a las salas con el propósito de llenar los bolsillos de Warner y ser, por fin, esa punta de lanza para competirle de igual a igual a una Marvel ya agotada, y habiendo ganado todos los títulos posibles en un género que puede considerarse ya gastado.


Superman (2025) es dirigida por James Gunn y protagonizada por David Corenswet (Superman/Clark Kent), Nicholas Hoult (Lex Luthor) y Rachel Brosnahan (Lois Lane). En esta película, seguimos al héroe de capa roja en un mundo que ya tiene una historia con diversos superhumanos, por lo que la presencia del mismo no es extraña del todo, aunque sí se le denomina como el héroe —o metahumano— más poderoso de todos. A lo largo del metraje, se enfrenta a Lex Luthor, quien busca probar que Superman es una persona sin escrúpulos, que más que buscar el bien, quiere ser mejor que la raza humana y controlarla. Es así que el hijo de Kriptón deberá luchar y probar su lealtad hacia la humanidad, pero también cuestionar sus ideales y su forma de actuar en un mundo que usa la violencia y las armas como solución ante todo conflicto.


Para alguien como yo, que en su momento era ultra híper mega fanático de este tipo de cintas —de manera más exacta entre el 2016 y 2019— ya novedad alguna uno no puede encontrar, salvo la excepción de The Batman (2022), de Matt Reeves. Por lo mismo, toda nueva propuesta que llegue a las salas poco o nada de interés genera en mí. Sin embargo, ver algo verdaderamente fresco como lo es esta nueva versión de Superman de la mano de James Gunn es algo que no podía dejar pasar. Más allá del héroe, era ver cómo este director tomaba otro personaje y lo llevaba a la pantalla. Dicho esto, y habiendo hecho un repaso de las distintas versiones y demás, quizá no sea su mejor trabajo (esa es Guardians of the Galaxy Vol. 3, 2023), pero no es un desacierto saturado y estúpido como lo fue en su momento Man of Steel. Aun con el sello de James Gunn, condicionado por el humor y por la línea editorial de un estudio que quiere recuperar su inversión, esta entrega e inicio de un nuevo universo algo de sustancia trae.


Por un lado, la representación del superhombre no es acartonada ni vista como una deidad. Más bien, la película lucha por rebajarlo a un estatus de humano —o búsqueda de ello— al darle un aura más terrenal, sea desde sus acciones hasta su propio discurso contra el archivillano de Lex Luthor. Quizá sea la razón por la que el héroe arranca la película siendo derrotado.


Siguiendo esa misma línea, el supervillano no obedece al típico cliché de conquistador del mundo o la búsqueda del poder, sino a la de demostrar que la raza humana no debería depender más que de ella misma. Por eso mismo, Luthor pareciera ser la mímica de un entrenador de boxeo al momento de dirigir los golpes hacia Superman. Es todo invención de alguien sin poderes que se entrenó desde cero, a diferencia del kriptoniano que, quiera o no, nació con ventaja. Obviamente, al ser antagonista, el lograr su objetivo hace que los inocentes corran peligro.


Gunn difiere entonces de lo que se representó últimamente a Superman. No es un dios todopoderoso, dueño de la verdad o un ente indestructible, sino alguien común y corriente que busca un propósito y cumplirlo: proteger a los humanos. La película entonces busca cuestionar qué es ser humano y qué es lo correcto. No por nada, su influencia en un conflicto político similar al de Palestina e Israel, y el hecho de que cuestione a sus figuras paternas y sus decisiones a futuro. Es así que Gunn da cierta dimensión a alguien que se lo conocía por ser superpoderoso e indestructible. La base para destruir a alguien así no es desde lo físico, sino desde el punto ideológico, como sucede entre lo que él cree de su herencia kriptoniana y lo que recibe de su crianza humana.


Superman (2025) no alcanza la solidez de las Batman de Nolan o el filo emocional de los Guardians of the Galaxy, pero se siente como un punto de partida seguro. Tiene el sello de James Gunn —con su humor, referencias pop y soundtrack—, pero también una intención por devolverle humanidad a un personaje que, por años, fue retratado como un dios.

Aunque el guion no arriesga demasiado y los efectos visuales siguen siendo el talón de Aquiles de DC, esta nueva entrega propone un héroe más terrenal, más autoconsciente, y en esa dirección, logra diferenciarse. En tiempos en los que el cine de superhéroes parece caminar en círculos, películas que, como esta, integran problemáticas reales —guerras, ideología, identidad— ofrecen una posibilidad distinta, aunque todavía no del todo correcta, sino simplona.


Espero haber dicho algo (mínimamente) importante.


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