30 Festival Internacional de Cine de Lima: Crítica de "Paper Tiger" (2026), de James Gray
- Mariano Viza T.

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Luego de su paso por el Festival de Cine de Cannes como parte de la Selección Oficial, el reciente trabajo de James Gray, Paper Tiger (2026), se estrenó en el 30 Festival Internacional de Cine de Lima como parte de la sección Aclamadas.
Escribe Mariano Viza T.

Soy uno de los tantos fanáticos que tiene el estadounidense James Gray, aun cuando me faltan ver algunas películas de su filmografía. Mis favoritas hasta el momento son We Own the Night (2007) y Two Lovers (2008), pero creo que, después de haber visto Paper Tiger, una más se ha agregado a esta pequeña lista. Para mí, Gray es uno de los grandes cineastas de la actualidad y sorprende que su nombre no genere tanto revuelo como otros que pueden gozar de grandes presupuestos para hacer las cintas que desean u otros que cosechan premio tras premio. Sorprende más aún cuando sus películas cuentan con elencos bastante notables desde su ópera prima, Little Odessa (1994).
En Paper Tiger seguimos a los hermanos Gary Pearl (Adam Driver) e Irwin Pearl (Miles Teller). El primero es un expolicía convertido ahora en un hombre de negocios exitoso, mientras que el segundo es un ingeniero independiente que se gana la vida trabajo tras trabajo y que vive con su esposa y sus dos hijos. Bajo la excusa del tan bastardeado sueño americano, los hermanos buscan el éxito, pero terminan involucrándose con la mafia rusa, lo que pone en peligro no solo a la familia, sino también el vínculo de sangre que estos dos hombres tienen.
Es curioso cómo en la filmografía de Gray, al menos en las películas que yo he visto, el vínculo familiar está presente. El ejemplo más claro y el puente que se tiende es con We Own the Night. En aquella cinta, Joaquin Phoenix y Mark Wahlberg son dos hermanos de mundos distintos que terminan unidos por la tragedia familiar a raíz del mundo del crimen. Acá, en Paper Tiger, es lo mismo, con sus debidas diferencias. Y así como sucede que lo familiar es una temática alrededor de la obra del cineasta, también lo es la lealtad. El precio que se paga por esta no es uno monetario, sino más que eso: se paga con la vida.
La convicción y los valores que estos personajes tienen son los que se ponen a prueba. El personaje de Driver no solo llama a su hermano para que sea parte de su nuevo negocio, sino que, cuando la situación se sale de control y su esposa toma partido al denunciarlo con el FBI, este nunca la delata por un tema de lealtad. Es más, es el personaje de Driver quien toma partido para solucionar el inconveniente. Por su lado, el personaje de Teller, al igual que el de Johansson, opta por “hacer lo correcto” de acuerdo con su propia percepción, ya sea por su rol parental o por su situación familiar. ¿Es lo correcto delatar a la policía o ser fiel al vínculo de sangre? ¿A qué familia, entonces, se debe corresponder? ¿A la que uno forma o con la que uno viene?
Es ahí donde Gray decide profundizar en otro aspecto: el de las caretas. Tal como sucede con Two Lovers, por ejemplo, el personaje de Leonard es uno atormentado, pero cuyo rostro cambia cuando trata con Michelle o con Sandra. Con la primera, la rubia, se muestra como alguien coqueto, seguro de sí mismo, incluso cuando esta no le corresponde nunca en la cinta. Con Sandra, la castaña, se muestra como alguien más sensible y hasta vulnerable, a quien la mujer desea proteger incluso si este tiene demonios en su cabeza.
En Paper Tiger, los personajes también son enmascarados. Por un lado, el personaje de Teller finge ser un esposo y padre firme que motiva a su familia a luchar por sus sueños y a levantarse temprano para cumplir con los deberes de la casa, pero en realidad es uno bastante inseguro y miedoso, que vive protegido por el miedo a lo que pueda salir mal y bajo la sombra de su hermano. Johansson finge ser una esposa y madre A1, pero, con tal de mantener ese rol, no revela la enfermedad que la aqueja ni el accidente que sufre.

Por otro lado, el personaje de Driver es quien más explora este aspecto. Dice ser un expolicía ejemplar que jamás cayó ante la corrupción, que ahora tiene dinero y que invierte en todo lo que hay, pero, ni bien aparece en escena y sugiere el negocio con los rusos, demuestra llevar una careta. Una que quizá no le avergüenza tener, sino que utiliza a su favor. Es un hombre limpio, para afuera, pero es uno que ya conoce la suciedad del mundo en el que se mueve. No teme responder con violencia cuando es necesario, no solo de manera física, sino verbal también. Da discursos, sonríe en la foto, pero cuando tiene que disparar su arma lo hace sin problema alguno.
La violencia de la cinta no es gratuita y tampoco mínima. Gray decide saber en qué momento usarla, porque todos sus personajes lo son, en cierta manera, solo que la situación los desborda de distinta manera. El acto final, con una persecución que obedece a su antigua cinta We Own the Night, mezclando elementos de la misma en distinto orden, me parece notable, sumado al uso del sonido para ocultar los disparos. Gray decide ocultar a su personaje en unos matorrales que parecen los barrotes de una cárcel y desarrollar la acción asfixiándolo más y más hasta su posterior muerte.
Probablemente, luego de Whiplash (2014), Miles Teller no ha dado una performance que sea relativamente interesante. No es un actor de grandes papeles, pero sí uno que se mantiene a flote participando en películas interesantes. Acá, con una actuación bastante aterrizada, destaca como un padre que dice ser canchero, pero que en realidad es muy tímido. Sigue un código para nada histriónico o de gestos exagerados que, en lugar de hacer crecer su actuación, lo vuelvan una caricatura.
Lo mismo, y más, ocurre con el trabajo de Adam Driver, quien tiene una actuación pícara como un exagente del orden que goza del éxito de la vida. Tiene gestos y miradas a lo largo del metraje que pasan de lo coqueto a lo serio sin fallo alguno. Quien se queda a medias es el personaje de la esposa, interpretada por Scarlett Johansson. A diferencia de sus compañeros de escena, esta, en cada momento que aparece, ofrece algo más cercano a lo caricaturesco antes que a un código natural. Sus gritos o gestos están más cerca del Hollywood de antaño, donde todo diálogo parecía ser dicho para una audiencia de teatro. Sumado a eso, su trama de una mujer que cae enferma poco a poco y que no quiere dejar a sus hijos ni a su esposo solo no logra compenetrarse con el resto de la cinta sobrando a mi parecer.
Paper Tiger es una película que dialoga con el resto de la filmografía del cineasta estadounidense. No solo dialoga nuevamente con temas que abordó con anterioridad, como lo son la lealtad, la familia y la violencia, sino que funciona de manera cohesiva. Podría confundirse con que hace la misma película, pero creo que simplemente le interesa el mismo tema desde distintas aristas. Esta vez lo hizo desde el punto de vista de una familia de los suburbios.




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