29 Festival de Cine de Lima: Crítica de “Sendero Azul” (2025)
- Mariano Viza T.

- 25 jul 2025
- 3 Min. de lectura
Como parte del primer día de las funciones de prensa del 29° Festival de Cine de Lima PUCP, se vio la cinta brasileña Sendero Azul, del director Gabriel Mascaro. La película forma parte de la sección de Competencia Ficción y este año ganó el Oso de Plata (Premio del Jurado) en el Festival de Cine de Berlín.
Escribe Mariano Viza T.

En Sendero Azul (2025) de Gabriel Mascaro seguimos a Teresa (Denise Weinberg), una anciana de 77 años que vive en una Brasil distópica que relega a todo aquel que cumpla 75 años a dejar su casa a la fuerza y pasar a vivir a una colonia con el pretexto de darles una vida cómoda cerca del inminente final: la muerte. Es en esa distopía que conocemos a Teresa, una anciana de 77 años que no vive en la mejor casa ni goza del mejor empleo, pero que puede sostenerse. Sin embargo, las leyes distópicas la fuerzan a renunciar a todo esto y migrar a una colonia. En busca de lograr su último deseo: volar en avión, Teresa mueve cielo, mar y tierra con el poco dinero que tiene para darse una última gran alegría antes de ser una más del montón. Es en ese viaje de cumplir su objetivo que se cruza con diversas personalidades, una más bizarra que la otra, que le permite descubrir el mundo y alcanzar la felicidad que durante tanto tiempo, por azares del destino, no conoció.
Uno de los aspectos más gratificantes de Sendero Azul es que en ningún momento cae en la pornomiseria, ni siquiera se acerca a ella, algo que parecía posible al inicio y que, por fortuna, nunca ocurre. Lo que propone Mascaro es más bien un viaje de autodescubrimiento que se construye como un coming-of-age clásico, solo que protagonizado por una anciana en lugar de un adolescente. Esa elección permite que la cinta fluya con agilidad y juegue con el espectador, incorporando momentos de comedia que no apelan a lo burdo, sino que surgen de las situaciones que atraviesa Teresa y del carácter inusual o excéntrico de las personas con las que se cruza.
La cinta contrapone la promesa de un futuro esperanzador —en el que lo más importante es capitalizar al máximo a la población con un abanico de ofertas laborales— con una verdad inevitable: la vejez. Mientras los jóvenes van a la obra, los viejos aún no llegan a la tumba. La frase “El futuro es para todos”, que aparece al inicio y al final, subraya la ironía de una sociedad que dice enfocarse en el porvenir, pero excluye a quienes formaron parte del presente y el pasado. Los ancianos son tratados como criminales, capturados y trasladados a una colonia geriátrica que, aunque aparenta ser un espacio de cuidado, funciona como una prisión elegante. Esta representación puede entenderse también como una alegoría del modo en que muchas empresas desechan a sus trabajadores sin respeto ni consideración, tratándolos más como piezas de engranaje que como personas.
Por otro lado, es en este viaje —a través de interacciones con un comerciante, un mecánico que bebe más de lo que repara motores, y una anciana que vende biblias electrónicas a aldeanos crédulos— que Teresa descubre el mundo y sale de su cueva, tanto por su estilo de vida monótono como por el rol de proveedora que asumió durante años. Ese papel jamás le permitió conocer placeres simples como beber, drogarse o apostar. Este recorrido no solo la expone a nuevas experiencias, sino que le da fuerza: la mujer temerosa del inicio se convierte, hacia el final, en la dueña de un rumbo que estaba a punto de serle arrebatado. Al final, Sendero Azul parece recordarnos que no hay nada mejor que el fierro viejo.
Sendero Azul (2025) es, por un lado, una demostración de cómo puede jugarse con un género preestablecido para un público más juvenil, permitiendo al mismo tiempo explorar otras historias ligadas al final de la vida o la inminente llegada de la muerte misma. Por otro lado, es un reflejo de las políticas gubernamentales cuyo afán es producir a costa de deshacerse de quienes trabajaron para levantar a su país, pero a quienes poco o nada se les agradece.




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