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11 Semana del Cine ULima: Crítica de “Nouvelle Vague" (2025)

Lo nuevo de Richard Linklater, director conocido por filmes como la trilogía Before (1995, 2004, 2013) o Boyhood (2014), se estrenó en la más reciente edición de la Semana del Cine de la Universidad de Lima (ULima). Tras su paso por Cannes 2025, el cineasta aborda uno de los momentos más importantes —probablemente— en la historia del quehacer cinematográfico y que, quizá sin proponérselo, cambió para siempre las reglas del juego. Linklater entonces convierte la historia del nacimiento de la Nueva Ola Francesa en una reflexión sobre el acto mismo de filmar desde la rebeldía.


Nouvelle Vague (2025)
"Nouvelle Vague" (2025). Fuente: IMDb

En Nouvelle Vague, Linklater se adentra en aquel instante crucial del cine francés en el que Jean-Luc Godard filma su ópera prima À bout de souffle (Al final de la escapada, 1960). ¿Cómo? Retratando, entre la ficción y la realidad, el rodaje la cinta en cuestión: la búsqueda de Belmondo y Seberg, como Godard se desprendía de recursos del cine industrializado, entre otros. La película entonces, desde el minuto 1, adquiere un tono inesperadamente “marveliano”. No por su uso de efectos especiales ni por historias de superhéroes —sería absurdo pensarlo así—, sino por la presencia de cameos.


El público estalla en aplausos y gritos cuando aparecen ciertas figuras emblemáticas como Jacques Demy, Éric Rohmer o Agnès Varda. Sin embargo, estos cameos se presentan de forma sobria, sin espectáculo dentro de la pantalla, a diferencia de lo que ocurre en la sala. Los nombres simplemente figuran, sin necesidad de un diálogo obvio como “Hola, Éric Rohmer”. En cierto modo, la película tiene el aire de esas producciones corales de superhéroes donde, después de tanta espera, los grandes nombres que tanto hemos oído y admirado se reúnen finalmente. Pero, ¿cuál es el propósito? Generar emociones o respetar a una generación que fue parte de una época más que importante. No son solo nombres que aparecen sin sentido alguno, sino que construye una comunidad cinéfila, pero también cinematográfica. De espectadores a realizadores. De igual forma, este homenaje se “repite”, tal como las películas basadas en hechos reales, cuando llegamos a los créditos y de manera masticada se nos cuenta que esa generación impulsó que diversos críticos pasen a ser realizadores y dando a conocer también qué fue de cada uno de ellos hacia el final de su vida. ¿Qué genera eso? Emoción y ternura, pero también cansancio al buscar ese suspiro fácil.


No puedo afirmar ni negar, al terminar de verla, si Godard la odiaría. Tal vez incluso, si él mismo hubiera escrito el guion, el rechazo habría persistido porque realizar un homenaje hacia su propia persona sería innecesario. Sin embargo, Nouvelle Vague funciona precisamente así: como un homenaje y un acto de culto hacia un personaje —y una generación— que cambió el cine para siempre. Ahí radica su goce: en la idea de filmar entre amigos, en el juego del rodaje y en las diversas situaciones que surgen a raíz de la personalidad tan excéntrica y burlona del realizador. Linklater, sumado a este juego de cameos y referencias de todas estas personalidades, no limita su homenaje a nombres, sino que decide filmar como el retratado. Los juegos de cortes y cámaras están presentes tal como en À bout de souffle, o la marca del celuloide que los proyeccionistas tenían para saber cuándo cambiar la lata de la película.


Sin embargo, en este mismo escenario de rendir pleitesía, el camino de Godard se siente vacío al no existir un conflicto real. Todo resulta fácil: nadie se le opone, salvo su productor o su actriz protagonista. Sí, le generan algunas tensiones a las que el protagonista responde de forma ingeniosa, pero no van más allá. La realización de la película nunca es víctima de cuestionamientos o frenos: simplemente se hace. Quizá ahí es donde más puede flaquear y dar la sensación de que todo pasa porque así tiene que pasar. La cinta no solo impulsa a revisionar todo lo que se hizo en esa época, sino también al hacer cine y seguir viéndolo.



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