29 Festival de Cine de Lima: Crítica de “Una casa con dos perros” (2025)
- Mariano Viza T.

- 29 jul 2025
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Continuando con las funciones de prensa del 29° Festival de Cine de Lima PUCP, llegó el visionado de Una casa con dos perros (2025), del argentino Matías Ferreyra. La película forma parte de la sección Competencia Ficción y tuvo su paso este año por el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI).
Escribe Mariano Viza T.

En Una casa con dos perros (2025) seguimos a Manuel y su familia, que intenta salir adelante —o al menos mantenerse a flote— en plena crisis argentina del 2001. En el afán de vivir bajo un techo, terminan en casa de la abuela materna. Es en ese espacio donde, a través de la lucha por un lugar propio, Manuel descubre su identidad mientras las personas a su alrededor se ven afectadas, poco a poco, por la situación que atraviesa el país.
Con un tono denso, Matías Ferreyra entrega una película que permite múltiples lecturas tras su visionado, como es mi caso. Por un lado, es una obra con una carga violenta, aunque no de la forma convencional, con golpes o sangre. Es, más bien, un retrato de la inconformidad que se vivía en esos años, representada sobre todo en el personaje de la abuela y en los recursos de fondo, como los noticieros de la época, que por momentos se ven y se escuchan. La abuela encarna esa imagen del país que finge que todo está bien y donde, aparentemente, no pasa nada. Así como se come una mantequilla completamente podrida o se soporta un olor nauseabundo proveniente del refrigerador, también se niega la crisis evidente. Es esa ignorancia y pretensión de normalidad —proveniente de la figura mayor, en este caso la anciana— lo que alimenta la inestabilidad emocional de los personajes.
En ese mismo entorno, el foco principal no está en los padres ni en la abuela, sino en Manuel, quien nos guía por esta casa a través de su mirada. Es desde sus miedos y su proceso de descubrimiento que se construye el relato. Más allá de una metáfora visual o psicológica con el perro o la desaparición del infante, Ferreyra plantea un retrato familiar desde la perspectiva de un niño que, tras incontables horas de juego, constata que la crisis persiste, y con ella se desmorona el concepto mismo de familia y hogar. La película no aborda el divorcio o una pelea como el punto inicial de la ruptura, sino que sitúa el deterioro en las interacciones cotidianas entre los miembros del hogar como es el caso de la madre de Manuel y su tío. Paso a paso, se traicionan entre ellos, reforzando esa carga violenta que mencioné al inicio. Hay un anhelo de resistir la crisis, pero a través de la traición y la violencia. Más aún cuando el contexto externo tampoco ayuda.
Una casa con dos perros no es una película que exponga de forma directa qué está mal en ese pequeño mundo que construye. Prefiere sugerirlo, generando incomodidad a través de recursos como la duración de los planos o los silencios tensos entre los personajes. En esa contención formal, lo que verdaderamente resuena es el ruido de fondo: un país en crisis que se filtra por cada rincón de la casa.




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