11 Semana del Cine ULima: Crítica de “Intercontinental" (2024)
- Mariano Viza T.

- 28 oct 2025
- 4 Min. de lectura
Con un paso anterior en el 29° Festival de Cine de Lima PUCP y el Festival Internacional de Cine de Molodist, Kyiv, en Ucrania, además de proyecciones en Estados Unidos, Portugal y Suecia, Intercontinental, segundo largometraje del cineasta trujillano Salomón Pérez, ha formado parte de la Muestra Nacional de Largometrajes Peruanos en la 11ª Semana del Cine organizada por la Universidad de Lima (ULima). El filme, de carácter íntimo, lleva la obra de Pérez a explorar, a través de las vicisitudes de un joven cineasta, los dilemas que surgen en la vida al llegar a los treinta años y las distintas cuestiones que comienzan a carcomer los pensamientos.
Escribe Mariano Viza T.

Su anterior largometraje, En medio del laberinto (2018), proyectado también en el Festival de Cine de Lima PUCP y en la Semana del Cine de la Universidad de Lima, contaba la historia de un adolescente que, bajo el pretexto de querer realizar una nueva pirueta en su patineta, se interesa por una chica de su localidad mientras deambula entre el final de su adolescencia y su entrada a la adultez. Todo ello bajo una estética DIY e íntima, de tiempos pausados y con actores no profesionales. Algo similar ocurre en Intercontinental, una película casi autobiográfica de su director.
En Intercontinental seguimos a Ismael, un joven cineasta que ha vuelto a su ciudad natal, Trujillo, después de haber estudiado en Suiza. Ya en casa, debe enfrentarse a un entorno que ha cambiado con el tiempo: su ciudad no es la misma, sus padres están por separarse y no tiene trabajo. Este viaje de retorno será de introspección, en el que descubrirá quién quiere ser y qué le exige el mundo ser. Lo veremos deambular por diversos escenarios —partidos de fútbol, sesiones de terapia, la playa, entre otros— mientras el mundo a su alrededor no se detiene.
Pareciera que, al llegar a los treinta años, si uno no ha marcado ciertas casillas autoimpuestas por un sistema económico o por una familia convencional, se lo un fracasado. Peor aún si intenta abrirse paso en el mundo artístico dentro de un país donde el arte es uno de los temas más ignorados, y más aún en una región fuera de la capital. Es en ese contexto donde Ismael empieza a ser cuestionado, y también a cuestionarse a sí mismo: qué es, a dónde apunta. ¿Es posible ser cineasta en el Perú? ¿Es posible ser cineasta en Trujillo y no en Lima? ¿Elegí bien mi carrera? ¿Debí volver a mi país natal o quedarme en el extranjero? Preguntas que se plantean a lo largo de la cinta y que también alcanzan al resto de personajes. ¿Soy feliz? ¿Se me fue el tiempo estando donde no quería? ¿Hago lo que quiero por convicción o por dinero? ¿Estoy donde quiero estar? ¿A dónde quiero llegar?
Salomón Pérez va respondiendo a estas inquietudes a través de las distintas situaciones que atraviesa su protagonista. Conversaciones con amigos y familiares, sesiones de terapia o paseos en bicicleta son los espacios donde Ismael se mueve, avanza y crece, reforzando también el título de la obra: Intercontinental. Por un lado, está Ismael, que regresa del extranjero a su ciudad natal, pero que dentro de ella ya no se siente en casa. Por el otro, están sus seres más cercanos, que —quedándose o no en el país— buscan también abrir sus alas y escapar de la rutina. Mientras Ismael define su futuro como cineasta, su madre por fin experimenta la vida y su hermana busca oportunidades en el extranjero. Es como si el hogar fuera una trampa que ha atrapado por años de conformismo a sus personajes. Estas cuestiones, planteadas anteriormente, se cruzan sin ofrecer respuestas explícitas, sino una sensación de paz alcanzada, tal como sucede al final de la película.
El cineasta logra así situar las preguntas que la vida misma impone a cierta edad, especialmente cuando el retorno a casa no resulta como se esperaba. Son esas situaciones cotidianas en las que “no pasa nada” donde, en realidad, pasa todo. Puede que su ritmo haga que por momentos la película se vuelva densa, pero quizá sea esa densidad la que permite sentir lo que su protagonista atraviesa. Hay un interés no solo en contar la historia de un cineasta en formación, sino en hacer del cine parte de la propia historia, con menciones a cineastas regionales y sus obras, así como un inserto del debut cinematográfico del propio director.
Si algo negativo se puede señalar es la performance de los actores: por momentos, la naturalidad de quienes no son profesionales se siente fidedigna, pero a ratos, debido a ciertas situaciones del guion, no alcanzan el tono requerido. Esto provoca que parezca que no comparten un mismo código actoral, sino que interpretan de manera plana, como si solo leyeran el guion. Aun así, Intercontinental, de Salomón Pérez, representa un paso más en su carrera, con un estilo que escapa de lo convencional para enfocarse no en las situaciones melodramáticas o fantásticas, sino en aquello que no se muestra que permita revelar las capas de sus personajes. Expectante de sus siguientes proyectos.




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